Hay casos en que para hablar de un vino los sentidos entran en pugna por expresar lo que sucede desde el inicio hasta esa sensación que produce la garganta unida a la nariz, el sabor, el aroma, el color,…
Mi propósito es unir esto del sentido del oído con un vino bonito, con un sonido, con un Vino Precioso.  Creo también en otro sentido. La densidad. El sonido de la caída. Un ligero baile en el aire antes de romper con sutileza la pared de la copa. Una burbuja de aire que precede a otras mil más.
Oxígeno. Sonidos Alternativos. Elementos estos que dan lugar a otra relación. Es esto, o al menos yo así lo siento, algo difícil de escribir. Las sensaciones que evoca el vino comienzan a manifestarse muy pronto. Seguro que desde el envero del fruto. Creo firmemente en esa otra fase de cata.  La fase auditiva. El sonido que se extingue y que presume lo siguiente.
Yo escribo sobre lo que siento en el momento en que una botella entra en la bodega. Escucho desde las ruedas del carro que transporta la caja. También como se posa en el suelo. En ese caso ya (son muchos años recibiendo vino) hasta se puede intuir si el empaquetado obedece al respeto por el contenido. Si las botellas suenan, aunque sea poco, pueden sucederse varias circunstancias. La primera es que la caja esté mal elegida por el tamaño (las botellas no quedan pegadas entre sí).
En ese caso el movimieto hace que choquen con frecuencia con lo que un elemento que debe ser lo más tranquilo posible altera su estado natural. El estado natural del momento justo en que nos encontramos.

…,Creo firmemente en esa otra fase de cata.  La fase auditiva. El sonido que se extingue y que precede a las,…

Para hablar de la segunda circunstancia debo echar mano a los recuerdos de un viaje. Visitamos una bodega antigua, recuperada recientemente, con una sala de barricas y un almacén de botellas llenos de tiempo, llenos de historia.  Nos explicaba Jose, el bisnieto del creador de todo aquello, que habían elegido unas botellas de vidrio grueso para evitar que un golpe pudiese romper la botella con facilidad.

También nos habló de empaquetarlas para el transporte con protección adicional. Unos separadores para las botellas y una buena colocación. Esos cuidados y alguno más hace que cuando se suelte el vino en la bodega el sonido sea justo el seco de una caja tocando el suelo. Un ruido que me gusta sobremanera es el que provoca la navaja del sacacorchos al abrir el cierre de las cajas, o el despegue de las grapas o las puntas de una caja de madera. A ese le sigue el que yo provoco al posarlas en el estante de la cava de donde solo van a ser movidas para llevarlas a su último destino. La mesa.

…,Un ruido que me gusta sobre manera es el que provoca la navaja del sacacorchos al abrir el cierre de las cajas, no es sonido, es el sonido…

Ahí es donde se produce ese son en el que creo, el que me sugiere, el que me hace sugerir, el que me sugestiona. Es el sonido del “pssspop” del corcho precedido por el que produce el acero y el corcho al incidir el uno en el centro del otro. El ruido,…. de nuevo el ruido del sonido de la caída. De nuevo ese que sirve de antesala al sorbo, a la última manifestación sonora antes del trago, antes de que todo cobre sentido.

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