Nos vamos a Jerez, al marco de Jerez y más allá. Estamos entrando en una atmósfera en la que el calor es diferente y el frío también. Las sensaciones térmicas que mucho tienen que ver con lo que los ojos perciben, se sienten, pesan, se pueden tocar, abrazar.

No es fácil elevar la vista sin que aparezca lo nuevo. Predisponerse para algo singular. Crear enormes paisajes, anchos llanos con tan solo elevar la vista. Caminar también es preciso. Andar entre viñedos, andar con la gente y hablar bien de cerca con las personas que hacen posible esto a lo que llamamos vino de Jerez, pero que es mucho más.

Aquí se rinde homenaje a la Historia. A lo bien hecho antaño. A los mayores y a quienes derramaron sudor en estas tierras y en esta bodega.

Aquí anda José Antonio Zarzana, a quien hoy entrevistamos, y su equipo, ocupados en conservar el espíritu de la Pedro Ximénez y hacerlo imperecedero.